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El Banco de Tiempo, modernizando el trueque

14 Abril 2011 Escrito por Liderazgo 11
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La idea es innovadora, intrigante, comprometida. La idea es todo, menos nueva.

Si uno abre sus libros de historia, se dará cuenta que ya se habla de ella en los primeros capítulos.

Quizá el hecho de su permanencia es lo que la vuelve innovadora; y es que el Banco de Tiempo (BdT) no responde al nombre de fundación. Quizá y sólo quizá responda al de “asociación no gubernamental sin fines de lucro”, pero eso es darle demasiadas vueltas. El Banco de Tiempo es sólo una idea humana que ha permanecido a través de la invención de la rueda y hasta la llamada “era de las redes sociales”.

Quizá sólo cambia la forma. Al final, todo se reduce al trueque.

El Banco de Tiempo, con ese nombre, tampoco es nuevo. Surgió en Europa, aunque tiene antecedentes en Estados Unidos, como una forma de apoyo de los ciudadanos para los ciudadanos en el periodo de posguerra. La diferencia radical de un banco normal a este movimiento es que aquí uno no necesita poseer nada más que tiempo, disposición, valentía, pero sobre todo ganas. Que en esto lo que hace más falta son las ganas.

El funcionamiento de este banco es de esas cosas que de tan simples, terminan siendo complejas: supongamos que usted hace algo, que lo hace bien y sobre todo que lo disfruta. Supongamos que le interesa aprender a hacer alguna otra actividad. Supongamos que no tiene el dinero para pagar las clases de eso que le interesa.

Básicamente, el Banco de Tiempo se encarga de contactar a personas que puedan ofrecer un servicio que usted esté buscando, mientras ofertan algún otro que usted puede otorgar.

Pero la jugada es que en esto no existe el dinero, la forma de pago se compone única y exclusivamente de tiempo.

Se paga cada hora de servicio dado y se suma a la cuenta de cada “Inversor de tiempo”, que es el nombre de los miembros del BdT. Por eso se le conoce como “Banco”, cada quien invierte, ahorra y gasta según lo que quiere y puede. Hay un reglamento interno y uno puede abandonar el Banco en el momento que prefiera, siempre y cuando no tenga saldo negativo, es decir, no deba horas.

En España, el movimiento tiene suficientes seguidores para que exista un BdT por barrio. Cada comunidad está organizada para ofrecer y pedir según sus propias necesidades.

Sin dinero. Siempre sin gastar ni un centavo.

En México, el movimiento va arrancando apenas, existen tres Bancos de Tiempo en el país. Los territorios ocupados son: Toluca, Sonora y Guadalajara.

El que trajo la idea a la ciudad de Guadalajara se llama Eduardo Aguilar y no es más que un joven universitario, estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales.

En esa ciudad el banco lleva en funcionamiento alrededor de tres meses, cuenta con casi sesenta miembros y oferta más de 85 servicios. Nada mal para el alcance de un joven universitario, quien tomó la idea de ver al BdT de la ciudad de Toluca, y pensó: “¿Por qué no?”.

En alguna reunión mensual que organizan los “Agentes del Tiempo”, Eduardo y los primeros miembros del banco organizadores de todos los demás, escuché una anécdota de cómo en un programa de radio, para promocionar el Banco, la locutora olvidó dar una pausa, y luego bromeó con Eduardo que sería él quien tendría que pagar el costo de la publicidad que no se había escuchado. Él respondió con una sonrisa: “Yo lo único que tengo es tiempo”. Nada más real.

En el nombre elegido para este movimiento resuena una referencia directa y quizá no intencional a la literatura fantástica: Momo, de Michael Ende. Pero en este banco a nadie le interesa que se ahorre tiempo hasta que no quede nada vital en las horas de los seres humanos, al contrario, se trata de compartirlo para que se multiplique, se trata de aprender y de intercambiar. Se trata de algo tan viejo como la humanidad misma. Quizá la mayor enseñanza es desaprender que “el dinero lo puede todo”.

Lo importante son los seres humanos que pueden aportar algo a tu vida.

Y que estos, lo único que necesitan de ti, es tiempo.