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Escritos del alma

17 Noviembre 2009 Escrito por Liderazgo 75
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A veces nos resulta muy complejo dar crédito a nuestros sentimientos más profundos, que a veces nos llevan al camino correcto. Cuántas veces hemos callado la voz del alma para dejarnos llevar por las creencias aprendidas que muchas veces se alejan de la propia realidad y nos llevan por caminos lejanos a nuestros sentimientos y a nuestros potenciales. No se trata de luchar todos los días, y de utilizar todas nuestras fuerzas debilitando nuestras virtudes y talentos, sino de dejar ser con naturalidad las cosas que nos van sucediendo, que a veces la posición y el lugar en donde estamos es la correcta para empezar a aprender y emprender.

 

“Todo depende de cómo vemos las cosas y no de cómo son en realidad”
                                                                                                                 Carl Jung.

 

Esta frase tan simple escrita por Carl Jung, nos demuestra una paradoja bastante compleja para comprender en su totalidad, si todo dependiera de cómo vemos las cosas, ¿quiere decir que nos alejaríamos de la realidad?

En realidad se trata de las actitudes conscientes que tenemos día a día para enfrentar la realidad que nos toca. La actitud es casi como la conciencia, la actitud de cómo enfrentamos los éxitos y adversidades a veces nos determina como personas buenas o malas.

Si vemos la vida de una forma positiva, la vida nos devolverá toda la confianza que pusimos en ella de una forma positiva. Así también sucederá si la vemos de forma contraria.

Somos constructores de nuestra propia alma. No dejemos que las situaciones o frustraciones opaquen nuestra esencia, cuando algo nos demuestra su lado negativo, es porque que al otro lado del camino, existe el lado positivo. Solo debemos mirar con los ojos abiertos para ver hacia dónde debemos ir.

La actitud siempre nos demuestra quienes somos.

Un viejo ermitaño fue invitado cierta vez a visitar la corte del rey más poderoso de aquella época.

- Envidio a un hombre santo como tú que se contenta con tan poco - comentó el soberano.

- Yo envidio a Vuestra Majestad, que se contenta con menos que yo - respondió el ermitaño.

- ¿Cómo puedes decirme esto, cuando todo el país me pertenece? - dijo el rey, ofendido.

- Justamente por eso.

Yo tengo la música de las esferas celestes, tengo los ríos y las montañas del mundo entero, tengo la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi alma. Vuestra Majestad, sin embargo, sólo posee este reino.