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La humildad es un don

12 Febrero 2010 Escrito por Liderazgo 9
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El proceso de superación a través del cual logramos dar mejores pasos ante el diario acontecer de la vida requiere de humildad.

La humildad te garantiza la paz interior, no hay posibilidad de vivir en paz con soberbia. No se trata de cuánto tenés, no se mide en términos monetarios, sino que es una actitud, un valor, es un don.

 

El proceso de superación a través del cual logramos dar mejores pasos ante el diario acontecer de la vida requiere de humildad. Las experiencias enseñan y si uno escucha la voz de la conciencia puede mejorar aquello que hizo mal o no volver a repetirlo. Con humildad podemos ver la oportunidad de cambiar para mejorar. Para crecer. Tenemos que ver todo lo que rodea a una situación “ hay que mirar en profundidad y tratar de ver la connotación positiva a través de la oportunidad que se tiene para cambiar y crecer”.

Por lo tanto los soberbios El proceso de superación a través del cual logramos dar mejores pasos ante el diario acontecer de la vida requiere de humildad. Por Marcelo Alejandro Pedroza no pueden vivir en paz y por eso se pierden grandes vivencias que quizás en la vida se les hubiesen presentado, si su actitud hubiese sido mesurada, paciente y humilde.

La soberbia se manifiesta de distintas maneras. Es amiga íntima de la incapacidad de perdonar. El soberbio probablemente no tenga el don de perdonar. También es amiga íntima del orgullo. El soberbio es orgulloso.

El soberbio no tiene la capacidad de darse cuenta de sus errores, cree que hace todo bien.

El humilde reconoce lo que le pasa y si se equivoca reconoce sus errores.

El soberbio, por lo general, pluraliza y, al mismo tiempo exterioriza en los demás el problema. El no es el problema, los demás son el problema.

Además tiene una enorme dosis de racionalidad que la utiliza para hacer lo que le conviene y las decisiones siempre tienen una gran justificación “su justificación” para sostener que su decisión es la correcta. Vive conforme. Hasta se considera simple y bueno. No se cuestiona lo que genera su paso con soberbia.

El humilde interioriza su problema. La brecha es grandísima entre ambos.

El humilde tiene más posibilidades de ser optimista que el soberbio. El soberbio hasta se puede creer optimista, pero rápidamente muestra su pesimismo. Esto es así porque no se reconoce autor de sí mismo, sino que se reconoce héroe de sí mismo.

El humilde sí se reconoce protagonista de sus propias acciones de vida. El que posee una actitud de humildad puede encontrar oportunidades ante un problema y vencer lo que le impide cumplir sus sueños diarios.

Emilio López Albores dice al respecto “desenmascarar y destapar el problema no es noble si no existe la intención de comprometernos con el otro en su crecimiento y el nuestro al mismo tiempo”. El objetivo es encontrar soluciones y oportunidades para no hundirnos en la oscuridad, sino volvernos luminosos.

La vida está llena de horizontes amplios, depende de nosotros si utilizamos el don de la humildad para descubrir los caminos que nos harán mejores personas.

Los invito a que pensemos cuánto de soberbios tenemos y cuánto de humilde tenemos. O quizás tengamos todo de uno y nada de lo otro.