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La Madre acompaña al líder

13 Febrero 2012 Escrito por Liderazgo 72
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Piensa en los hijos. Sus días están pintados de colores. Ama lo que hace. Sus amores han crecido y recorren la naturaleza del universo. Ella está ahí, en su lugar en el mundo. El patio la acompaña y la cobija. Hoy la planta de jazmín tiene entre sus ramas una nueva belleza blanca y su aroma endulza la vida de la señora elegante. Sus cuadros siempre hablan, ella los hace hablar. Dicen tanto que cada visitante tiene su propia interpretación. Allí está la Madre. Piensa en sus hijos, y a su manera les habla. La soledad se transforma en una compañera que la estimula a pintar. No está sola, reza. Sonríe suavemente y se siente cómplice de algún recuerdo que trae al presente. En su memoria están los primeros pasos de sus amores, cierra los ojos y le parece que está en aquel tiempo. Se entristece y de repente prevalece la gracia de haberlo vivido con amor, se ríe y abre los ojos. Comienza a pintar. Extraña a todos, siempre dijo que no hay distinciones y trató de no hacerlas. Sus amores conviven con la montaña, uno de ellos durante tres meses al año forma parte de un grupo de hombres y mujeres guías de montaña, que acampan a cuatro mil metros de altura, camino a la cima del coloso de américa. Sintió la necesidad de verlo y pudo lograrlo. El sol radiante le permitió vivir un agradable viaje en helicóptero y grabar en su memoria visual el futuro de los bellos paisajes que expresarán sus cuadros. Los líderes estaban honrando su vocación, estaban trabajando y en el campamento, salvo su hijo, todos sabían que la Madre llegaría.