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Tres preguntas a un líder

20 Abril 2012 Escrito por Liderazgo 75
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Necesito ayuda. Unos treinta segundos después se volvió a escuchar… ayúdeme. Han pasado veinticinco años del inicio y siento que no puedo continuar así. Antes podía con todo, ahora no. Las expresiones de Gustavo representaban su mundo interno, lo que percibía de su realidad. ¿Qué tipo de ayuda necesita? ¿Cómo continúa? ¿Qué es todo?, le preguntó Jacobo.

Quiero pensar, iré al parque, ¿Le parece encontrarnos después de la cena?

Sí, está bien Gustavo.

Los lapachos hermosos guiaban el camino. Sus flores blancas aportaban paz. Gustavo se detuvo al lado de uno de ellos, volvió a recordar las tres preguntas que le había formulado Jacobo. Repitió en voz baja una por una y comenzó a responderse.

Entabló un diálogo consigo mismo. Empezó a detallar a qué se refería al hablar de ayuda y cuando lo hizo sintió que se estaba aclarando a sí mismo aquello que decía. Los líderes tienen que tratar de ser concretos en sus interpretaciones mentales. La capacidad de representar claramente lo que les pasa es fundamental para tomar decisiones. Somos lo que percibimos, le había dicho hace muchos años atrás su Padre. A veces las expresiones amplias pueden generarnos inquietudes innecesarias, en otras ocasiones nuestros pensamientos empobrecen nuestra existencia, pensó Gustavo.

Decidió sentarse al pie de uno de esos viejos y llamativos guardianes de la madre naturaleza, se acomodó y sonrió. Tocando el tronco de aquél nuevo compañero se animó a hablarle, soy así como vos, duro, sólido y alegre, le contó. En ese momento el líder sintió algo en su interior, sus ojos se humedecieron y una lágrima recorrió el camino de las emociones. Los líderes pueden representarse como seres firmes como un tronco y también como seres tiernos y sensibles, como la flor que le da color al noble árbol.

Recordó lo que había dicho y analizó la frase, cómo es eso de expresar que no puedo continuar así, se preguntó. Tomó conciencia de la limitación de su expresión. Levantó la cabeza y vio la altura del testigo presente, observó su grandeza y se animó a mirar todo lo positivo que estaba realizando día a día. Los líderes sitúan su mirada diaria en lo valioso del pequeño quehacer. La suma de todos los pasos los mantiene firmes y frondosos como los lapachos.

Antes podía con todo, ahora no. Las generalizaciones impiden las distinciones, pensó. Cuánto hago y cómo lo hago, exclamó y al cabo de un buen rato dijo: quiero reconocer mis esfuerzos y valorar mis acciones. Esa noche Jacobo lo escuchó, el líder había cambiado su visión personal.

Modificado por última vez en Sábado, 15 Septiembre 2018 19:18